Nene de tres años se atragantó con una uva y murió

Iba a cumplir cuatro años el próximo 24 de abril. Le encantaban las motos, Thiago Leonel Guamán Bustos era un chico alegre que vivía en Gijón, España. Pero se atragantó con una uva en la celebración de Nochevieja y murió

Así lo describe el diario ABC de España.

Cada 31 de diciembre los españoles se reúnen para celebrar la llegada del Año Nuevo y la salida del anterior comiendo doce uvas de la suerte. Una tradición de la buena suerte que, aunque está muy arraigada en la cultura española, no se sabe realmente cómo surgió.

En ese contexto, el chico tenía en una copa tres o cuatro uvas sin semillas. Se sentó en una silla y comenzó a comerlas poco a poco, como ya había hecho otras veces, junto al resto de familiares para recibir al 2019

“Allí vimos que había atragantado y que no podía respirar, no sé qué pudo pasar, no le veo explicación porque ya había comido uvas en otras ocasiones y nunca había pasado nada”,dice Viviana, la mamá, en un testimonio lleno de dolor.

Ella le metió los dedos en la boca y su tío le golpeó el pecho. Pero no pudieron sacarle la fruta atorada. Lo golpearon para poder sacarle la fruta, pero no hubo forma. El pequeño no respondió a  los intentos de los familiares.

Rápidamente fue trasladado a un hospital de la zona, donde el equipo médico le extrajo la uva. Pero el pequeño no pudo ser reanimado. “Se me fue la vida”, dijo la mamá de Thiago, una mujer inmigrante de Ecuador quien hace 18 años que vive en España.

“Tengo que ser fuerte porque me queda otro hijo, así que debo tener serenidad”, explicó la madre. “Dios nos pone pruebas y ahora sé que tengo un ángel que vela por mí desde el cielo”, confesó con una foto del pequeño Thiago Leonel en la mano.

Un terrible tragedia que se podía haber evitado, ya que los expertos recomiendan que los chicos menores de seis años no coman uvas. Ya en 2016, un estudio publicado en la revista Archives of Diseases in Childhood advertía de que las uvas son la tercera causa de atragantamiento por comida en chicos de hasta seis años, sólo después de los panchos y los caramelos.

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