Gabriela Michetti dijo que quiere volver a ser vicepresidenta de Mauricio Macri

Gabriela Michetti dice que desde que es vicepresidenta de la Nación no se tomó más de ocho días seguidos de descanso. Viajó mucho, pero por trabajo. Contabiliza desde su asunción en 2015 exactamente 24 viajes y sin embargo, jura, jamás hizo turismo. Corea, Japón, Australia, Marruecos, enumera las naciones mientras mira el mar de Cariló y el viento sur le da en la cara, bajo la sombra de una carpa del balneario Hemingway, el más exclusivo de la Costa Altántica, donde asegura que quiere volver a ser vicepresidenta de Mauricio Macri.

“Pero necesitaba desconectarme un poco y también acompañar a mi papá, que está pachucho”, comenta la Vicepresidenta, envuelta en una túnica fucsia, protegida por unos lentes de sol con reminiscencias hippies.

A la par que Mauricio Macri descansa en Villa La Angostura, Michetti también abandonó sus funciones en Balcarce 50, pero no por tanto tiempo como su jefe político: apenas por cuatro días.

Aunque se sabe que la política no conoce ni permite pausas, la confianza que otorgan el aire de mar y la intimidad familiar, y apenas comenzado el año electoral (que puede tener en su final a Cambiemos renovado o derrotado y entonces fuera del gobierno), la Vicepresidenta se anima a proyectarse y expresa el deseo que, aunque tímidamente, la desvela: “La verdad es que me gustaría seguir acompañando a Mauricio”.

Sin embargo, ella sabe -y lo dice- que todavía es pronto para aventurarse sobre el futuro y una eventual competencia interna con otras candidatas a acompañar al Presidente en la jugada de la reelección, como la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, o su par de Seguridad, Patricia Bullrich. Sobre ellas no opina, pero Michetti asegura estar “fascinada” con su trabajo en la Vicepresidencia desde que la asumió en diciembre de 2015.

Michetti, que desde noviembre de 2017 está soltera, llegó a Cariló el jueves temprano y volverá el domingo o el lunes. Está alojada en la casa que alquiló su hermana Sivina y llegó con Mario, su papá, que no le quita la mirada de encima, siempre con una sonrisa.

“Dejamos a mamá en casa para que descanse porque papá tiene Alzheimer y le iba a hacer bien venir a ver el mar un rato, así que estoy de acompañante”, cuenta entre risas la vicepresidenta a Infobae, mientras hojea una revista Vogue.

“A papá le cuento lo que hago en mi trabajo”, relata, mientras le acaricia una rodilla a Mario. Le sirve de pie para enumerar frente a Infobae lo que ella considera logros de su gestión: un proyecto para fomentar el trabajo de los artesanos del norte, “que hacen cosas maravillosas”, un relevamiento con el INDEC sobre discapacidad, y su trabajo como Presidenta del Senado.

“Ese es un trabajo que nos toca a los vicepresidentes medio de rebote, me encanta lo que hago ahora pero no me interesa volver a ser legisladora. Ni loca. Eso sí, en el Senado hice muchas cosas, arreglamos el edificio. Y redujimos la planta de empleados que había, ¿a vos te parece, cien personas para cada senador? Era una barbaridad, por algo nadie se quejó”, comenta.

Michetti asegura que vino a descansar a Cariló. Alejó de su contacto cotidiano el teléfono celular y dedica tiempo completo a estar con su papá, a “comer cosas ricas” y a leer en la carpa, donde tiene de vecinos a Mario Pergolini, a la concejal platense Victoria Tolosa Paz, junto a su marido Pepe Albistur, a Marisa Fassi, intendenta de Cañuelas, y a sus amigos Luis y “China” Majul.

“Cuando me tomo unos días siempre vengo a Cariló porque está la ‘China’, que es muy amiga desde antes de que yo sea Vicepresidenta”, cuenta y sobre la comida elogia los platos que cocina su hermana: “Ayer comimos pescado y esta noche vamos a cenar pollo, sanito”.

Dentro de su enorme cartera beige, Michetti carga dos libros. “Peacefulness: Being Peace and Making Peace”, un trabajo en inglés de David Cadman y Scherto Gill. Según la reseña de Google, se trata de un “oportuno libro” que “ofrece una narrativa inteligible de paz. Estas historias no solo resuenan con las necesidades humanas profundas y el anhelo espiritual, sino que también inspiran al lector a volver a imaginar la posibilidad de la paz mundial”.

La Vicepresidenta alterna esa lectura con “Una ética para la globalización”, de Aldo Marcelo Cáceres, un religioso agustino nacido en Salta, filósofo y teólogo. “Estoy tratando de entender cómo haremos para que la globalización sea algo bueno”, explicó.

¿Cómo ve desde la arena Michetti el futuro de Cambiemos de cara a las próximas elecciones? Responde: “Tenemos posibilidades. Creamos la expectativa de hacer mucho y mejor, y en eso estamos. Hicimos seis semestres buenos y después nos pasó lo de la economía. Pero creo que la gente que está a favor del laburo, del esfuerzo y del mérito nos apoya todavía”.

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